miércoles, 30 de diciembre de 2015

LA CURIOSITÉ: Una jodita para Robin Wood

El Mono de la Tinta se complace en subir "El hombre del brazo negro", un capítulo fundamental en la saga de "Mark", de Robin Wood y Ricardo Villagrán. Este episodio es importante porque hace su aparición el personaje de Hawk, que se convertiría en compañero de aventuras de Mark, y bastante más interesante que el susodicho. Pero además podemos percibir -y sólo percibir para quienes estamos ajenos a las internas de Editorial Columba en los años 70- una especie de joda a sus compañeros de trabajo o gremio.

Mark llega a las puertas de una pequeña comunidad de fascinerosos, cuyos rostros no son los habituales en la galería de Villagrán. No tienen mandíbulas de hierro ni una traza especialmente amenazadora. Más bien parecen caricaturas, retratos más o menos humorísticos de unos tipejos de aspecto desprolijo y endeble contextura física. El jefe, "Oskar" (?) tiene aspecto de actor cómico. Pero es su segundón el que nos revela la oscura intención de Wood, apelado nada menos que Pedrazzini, como Carlos Pedrazzini, renombrado dibujante de historietas como "Morten" y "La Batalla de las Malvinas", entre otras, y cuyo rostro es notoriamente similar al de Carlos Pedrazzini, renombrado dibujante de historietas como "Morten", etc. etc.



Otros segundones no tienen nombre, pero barbas, melenas setenteras, bigotes, panzas y pulóveres raídos nos remiten más a características comunes al gremio que a villanos post-apocalípticos. Me encantaría, por supuesto, que algún conocedor de los dibujantes de Columba intentara identificar a los personajes con su artista correspondiente. Sin embargo, más allá de la humorada de Wood y Villagrán, podemos intentar una lectura artístico/psicológica:

Wood, guionista de raza, se enfrenta a diario con el problema de que el traslado del contenido de su cabeza al papel debe hacerse por intermedio de otro ser humano, el dibujante. En otras palabras, debe ceder la soberanía de su creación al intérprete, sufriendo en el camino las heridas al narcisismo creador: "Mark no tenía que poner esta cara", "la escena no era exactamente así", o las inclemencias que se nos ocurran.

Y esta es la maldición del guionista: Para que su obra cobre vida, el lírico poeta de las palabras debe permitir que un trabajador manual, un bárbaro sin modales, un zafio artesano de dedos gruesos y manchados de grasa y tinta, maleducado y abusón, usurpe el Poder en lo que el consideraba su señorío, sintiéndose humillado y sodomizado como el Unitario que visitaba el matadero de Echeverría; En definitiva, como los fascinerosos de "Mark" que sembraban el terror en su pequeño y miserable reino. Por suerte están Mark y Hawk para consumar esta suerte de "vendetta" antiobrera.































("Mark, Libro 1". Ed. Columba, 1997)

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