sábado, 27 de mayo de 2017

"Yo, moroso profesional", de Vázquez

En tiempos de maestritos ciruela dándonos lecciones de solidaridad, bondad y honestidad desde cada púlpito autogestionado en las redes sociales, es terapéutico leer esta extraordinaria historieta de Vàzquez sobre su legendaria y autopromocionada condición de moroso y manguero. Como valor agregado, quedó afuera de su mamotreto compilatorio "Lo peor de Vázquez" (otro ladrillo extraordinario y quiebracolumnas) ni en revista periódica alguna, sino en una publicación repartida en el Salón del cómic de Barcelona de 1991, por lo que creo que ha sido poco difundida.










(El tebeo del saló, Ed. Ficomic, 1991)

jueves, 25 de mayo de 2017

POLÉMICA: Superfuertes & multimillonarios



Tengo en mi poder, gracias a la generosidad infinita de mi amigo y colega Diego Parés, el libro "Alack Sinner", de Muñoz & Sampayo, que compila la totalidad de las historietas del personaje.

Escribiré un poquito sobre el contenido del libro en sí. Por si hiciera falta que alguien se entere de esto, Sampayo es uno de los mejores guionistas argentinos: la mejor clase de guionista, la que desaparece por completo en su creación. Jamás nos enteramos de que estamos leyendo algo que ha escrito alguien. Simplemente nos parece estar observando la Vida y la Realidad, esa entidad que se nos revela a los ojos cada vez que los abrimos. Así de bueno es Sampayo.

En cuanto a Muñoz, ¿qué se puede decir? Muñoz es sobrenatural. A veces uno deja de mirar a Muñoz por un tiempo y se dedica a ver otras cosas, la pletoricidad de cosas visuales que nos ofrece el mundo, y se sorprende con grandes artistas, dibujantes que nos develan algo, que nos maravillan y nos picotean en la glándula pineal con sus creaciones. Y te olvidás de que existe Muñoz. Pero un buen día te volvés a topar con su obra y decís "¡Ah! Muñoz, este era bueno, eh. Vamos a mirarlo de nuevo". Y entonces te sentís culpable y estúpido por haber hecho otra cosa que no fuera mirar a Muñoz durante las 24 hs. del día a lo largo de todo el período anterior.

Muñoz inventa el mundo, lo desarma, se funde, hace el amor con él y luego lo rearma a su antojo pero habiendo dejado en el camino sangre, sudor y lágrimas. No sé cómo hace Muñoz para seguir vivo luego de haber entregado lo que entrega en Alack Sinner. No se me ocurre, no se me ocurre ni siquiera cómo empezar a imaginar cuál es el "método" de Muñoz para dibujar. No se me ocurre. El Cosmos de Muñoz es tan inmenso, tan completo, tan real que parece que estuviera hecho antes de que agarrara la pluma.

Eso es el contenido. De la edición tengo que decir otras cosas. Para empezar es un libro imposible de sostener sin que se te luxen las muñecas. Quiero decir, es demasiado GORDO. Y pesado (Obsérvese la dolorosa tensión del túnel carpiano en la foto). No se me ocurriría leer este libro en el colectivo. Sería insensato llevarlo por la calle o en una mochila: Sería el equivalente de cargar cascotes por la calle. Por si no se entiende, es muy gordo y pesado e incómodo y te parte en dos la columna.

Dicen que el papel no va a morir, pero que el futuro de los libros (y un poco el presente) es el formato lujoso y caro, para aquellos pocos que puedan pagarlo. Yo no puedo hacer futurología, pero si ese es el caso, este libro está destinado no sólo a una élite económica: está destinado a hombres de una raza superfuerte, que pueda levantar y abrir el libro sin sentir que el espinazo se les parte en dos como una rama seca. Superfuertes y multimillonarios: ese es el perfil de los futuros compradores de libros, según la visión de Ediciones Salamandra.

Otro tema es el tamaño y esto viene siendo una peste desde hace varios años: la de los libros que minusculizan el contenido original, para ahorrar costos y papel. Hay autores que se bancan cierta reducción, pero para mí el arte de Muñoz necesita un 25 % más de superficie para ser apreciado en plenitud. No digo que en esta edición no se aprecie. Pero te encontrás forzando un poco la vista y sintiendo cierta tensión cerebral, tratando de adaptar mentalmente los múltiples detalles y sensuales plumazos de esta historieta al tamaño que debería tener.

Y esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Cuál es el tamaño ideal en el que debería ser editada una historieta? La respuesta de perogrullo es que no debería ser mucho más pequeña que en su edición original. Un Alack Sinner funciona de maravilla en las viejas ediciones de Totem, un 24 x 30, aunque se bancaría un 20 x 28. Menos... Y, un poquito me estas cagando.

Y si además no me rompés el metacarpo te lo voy a a gradecer.

(Alack Sinner, Ediciones Salamandra, 2017)

martes, 23 de mayo de 2017

SAUVAGE: Calavera de chapitas de botella

Magnífica calavera de aires mexicanos hecha completamente de tapitas de botella, sobre un árbol del parque del barrio Simón Bolívar (Parque Chacabuco, Buenos Aires). Autor: A. Nónimo.

Soy consciente de que no está hecha de tinta ni de algo similar , pero SÉ QUE UDS. SERÁN COMPRENSIVOS.









viernes, 19 de mayo de 2017

"Las Aventuras de Don Pancho Talero", de Arturo Lanteri

Fíjense los retorcidos caminos de la difusión cultural: Alguna clase de freak fotocopió de la revista "El Hogar" unas cuántas páginas de la antediluviana historieta "Las Aventuras de Don Pancho Talero", de Arturo Lanteri, y las anilló (junto a otros materiales que saldrán pronto a la luz). Luego tiró o perdió o vendió el artefacto, apareciendo misteriosamente en una librería de segunda mano de Villa Urquiza, donde yo lo encontré entre pilas de publicaciones polvorientas y forradas de cuero marroquí y lo compré por monedas, y ahora las pongo a disposición de todos ustedes.

Se dice que la historieta de Lanteri (de la cual el autor realizó varias versiones cinematográficas) era una especie de copia más o menos libre de "Bringing up father", de Geo McManus. Me pareció interesante subir las que contienen alguna clase de contenido político, donde podemos ver las grietas y enfrentamientos de la época, y referencias a Yrigoyen, Alvear, Radowitzky, así como episodios de actualidad que alguien más inmerso en la historia argentina interpretará mucho mejor que yo.



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(Las Aventuras de Don Pancho Talero, recopilación anónima, originales de revista "El Hogar", 1930)

viernes, 12 de mayo de 2017

El final de "Dulzura Infernal", de Max

Allá en los fastuosos años 80 los lectores de historieta argentinos comprábamos la edición española de "Metal Hurlant". En determinado momento la revista dejó de salir, o tal vez dejó de ser importada o quién sabe qué cosa (no tengo ganas ni de googlear el tema) y como ocurre en estos casos (similar martirologio vivimos con la edición en fascículos de "Akira"), nos quedamos con un palmo de narices ante la ausencia de final de las series publicadas con continuará".

Una de las historietas que quedó trunca era "Dulzura Infernal", de Max, no el Max español de "Peter Pank", sino el menos conocido Max Perramon, autor francés de línea chunga y al mismo tiempo elaboradísima. La historia narraba una delirante intriga palaciega en el infierno, protagonizada por el Barón Bad Miloo, que era exactamente eso: un Milú malo, un demonio con la cara del perro Milú. Y si no alcanza con estos datos para que les agarre la ansiedad por leerla, qué puedo decir, no tienen sangre en las venas.



Por suerte, gracias a la magia de las amistades digitales pude pedirle hace un par de años a mi amigo Fernando Guerrieri, residente en Francia, que me consiguiera un libro con la historia completa (¡Gracias otra vez, amigo!!!), lo que me permite ahora compartir el final de "Dulzura Infernal" (que puede leerse perfectamente con el francés del secundario,tiene dibujitos)

Resumen hasta ahora: El Barón Bad Miloo no logra cumplir una misión de su jefe, Satán, y huye del infierno junto a su ayudante Lucifer. Azarosamente terminan refugiados en la casa de Stravikius, un demonio "cuya alma es de una negrura insoprtable". La página que sigue es la última que pudimos leer en la "Metal Hurlant":

























Como yapa, un pequeño álbum donde se presenta a Bad Miloo y a algunos de sus "compañeros infernales":

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(Doceur Infernale, Editions Humeurs, 2003)

martes, 9 de mayo de 2017

El Mono recomienda: Mantrul 2



Salió el nuevo libro del gran Mantrul, y le escribí este prólogo:

Mantrul se descubre así: Agarrás y estás navegando por el Internet o por Facebook y de golpe te aparecen estos chistes, algunos sumamente crueles, desagradables, otros donde nos lanza al vacío del sinsentido y nos deja abandonados allí, colgados del risco, dibujados RE MAL, aparentemente con un órgano sexual, sin ningún tipo forma o regla o transportador o algo, muchos sin un remate propiamente dicho.Y decís “Pero, pero, pero, ¿qué es esto?” Y en bajo cierto estado de shock empezás a pasar de chiste en chiste, murmurando “¿Mantrul? ¿Qué es eso? ¿Es un nombre? ¿Es el nombre de una persona? ¿Un degenerado con una máscara de goma puesta? ¿Es una máquina? ¿O es un hombre haciendo chistes con una máquina, una máquina que parece medio descompuesta”.

Y seguís “clikeando” o “scrolleando” (o alguna de esas palabras en inglés provenientes del mundo digital), y en el tercer o cuarto chiste empezás a hahahahaha qué hijo de puta. Se te va la parte de que pensás que el tipo es una máquina, o un degenerado con una máscara de goma, y te empezás a reir, porque Mantrul será lo que quieras pero ES gracioso, con una risa salvaje, la risa libre del que se ríe de una barbaridad que dijo otro, así que ni siquiera tiene que sentirse responsable por la barbaridad. Es una risa un tanto cobarde, que se esconde tras las espaldas de un tercero –“¡lo dijo él, eh, no yo!”-, pero no por ello menos alegre y sincera.

Mantrul, en persona y como tantos dibujantes y humoristas gráficos, no produce una impresión en especial. Sin ofender lo digo. Parece un estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UBA (tal vez lo sea. No lo conozco tanto, y no trato con estudiante de Ciencias de la Comunicación desde hace quince años), un pibe normal, agradable, educado. Sólo a través de sus chistes nos enteramos de lo monstruoso que puede llegar a ser; sólo a través de sus chistes es un degenerado con una máscara de goma, o una máquina manejada por un hombre que se llama “Mantrul” (el hombre, o la máquina, o ambos).

Pero no se agota Mantrul en el efecto de la “barbaridad” (perdón por la palabra de tía Etelvina), el escándalo o “Incorrección Política”. No lo confundamos con un simple provocateur que de esos hay ejércitos. Hay tantos que queda menos gente a la que provocar que provocateurs. No. Mantrul tiene la personalidad suficiente (esa personalidad que no se fabrica sino que simplemente existe) como para que sus dibujos superen el simple escándalo y transmitan otra cosa, una sensación de extrañeza, de inquietud, la sensación de encontrarnos ante una criatura de laboratorio mal terminada que nos cruza en un pasillo y nos habla en un idioma raro, entre checo y guaraní, de bebés muertos y de mecánica cuántica, que por momentos parece un idiota y por otros un genio, y no sabemos cómo asirlo o definirlo. Una sensación que sólo podría describirse como “Mantrulidad”.

Por edad del autor y origen digital, la “Mantrulidad” tal vez no tendría sentido en un medio gráfico tradicional. Los chistes de Mantrul no tienen forma ni tamaño definidos, utiliza un color digno de Paint, ni hablemos del brutal estilo de dibujo. Sin embargo, en nuestra cultura aún tiene peso y prestigio esto que ud. acaba de comprar: El Libro. El Libro físico, con páginas, tapas y papel. Ignoro si a Mantrul, por su edad y origen, le importa tener El Libro (aparte ya tiene otro, así que para él ni siquiera es una novedad). Quiero decir, si vive en un nivel tal de modernidad tal que tener Libro le da lo mismo que tener Facebook o Snapchat. En cambio, el lector grande, que tiene una biblioteca y pasa horas mirando los lomos de sus libros uno al lado del otro y pensando más y mejores formas de clasificarlos, agradece tener este compolado de chistes en la mano, para seguir riéndose sincera (y cobardemente) tras las espaldas del degenerado con máscara de goma.

¡Long live the Mantrulity!